Emprendedor compulsivo. El síndrome de Mercurio.
Ser emprendedor no es solo una elección profesional, no se trata de aglutinar y organizar conocimientos que te ayuden a crear el portal o la empresa perfecta. En realidad es más bien una actitud, o mejor dicho, una obsesión.
Al principio lo notas en pequeños detalles. Cuando estás en un bar y mientras esperas tu café planeas como mejorar la eficiencia del camarero optimizando los viajes que realiza, automatizas el proceso de pedidos a cocina para mejorar el rendimiento del local y creas un nuevo sistema de comida rápida online.
La siguiente pista llega cuando en una cena romántica con tu pareja, después de la segunda o tercera copa y hablando del futuro, le explicas las empresas que montarías o los portales que desarrollarías. De repente te das cuenta de que tienes potencial para innovar, capacidad para emprender y de que ella hace rato que no está escuchando...
Al final tu cerebro crea un proceso mental paralelo el cual analiza la realidad que te rodea y busca una idea o un negocio en cada acontecimiento grande o pequeño de tu vida. No te das cuenta pero está ahí, analizando información, buscando el nuevo enfoque que permita que una idea conocida pase a ser la revolución del año. Desde comprar el pan, ir al cine, montar una cena con tus amigos... En todo encuentras oportunidades y nuevas ideas que guardas celosamente en la memoria para su posterior análisis.
No se si algún equipo de psicólogos ha estudiado ya el caso, pero que más da, he decidido darle nombre. A partir de ahora será conocido como el "Síndrome de Mercurio".
Mercurio era en la mitología romana un dios del comercio, de la abundancia y del éxito comercial. Me servirá como improvisado heraldo de esta nueva enfermedad mental, la cual, al menos de momento, no tiene cura conocida.

